
Sin esperar a que Norma Editorial se decida a publicar el último álbum de Blake y Mortimer “La Malediction des 30 deniers”, en castellano, (por cierto, como comentábamos ayer, la edición en portugués ya ha salido) me he abalanzado sobre la edición en francés, que me dispongo a comentar. El álbum ha sido dibujado por René Sterne y Chantal de Spiegeleer y escrito por Jean Van Hamme.
La primera historia de estos personajes creados por Edgar P. Jacobs que escribió Van Hamme, "El caso Francis Blake", cultiva el género de espionaje puro y duro (“hemos procurado hacer algo un poco simplón, como habría hecho el propio Jacobs”, dijo en su día el propio Van Hamme). Con “La extraña cita”, salta al género de la ciencia ficción, con viajes en el tiempo incluidos, remitiéndonos a clásicos de la saga como La trampa diabólica o SOS. Meteoros. En “La maldición de los 30 denarios”, el género es la aventura arqueológica, y la referencia inevitable, “El misterio de la Gran Pirámide”.En este caso, se trata de arqueología bíblica, y lo que da pie a toda a la trama son los 30 denarios que cobró Judas por entregar a Jesucristo. A estas treinta piezas de plata con la efigie del emperador Tiberio se les atribuye una maldición capaz de desencadenar la desgracia a quien las posea, lo que los convierte en un objeto mítico cuya búsqueda sería digna del mismísimo Indiana Jones. De hecho, en la propia historieta se compara a los 30 denarios con el arca de la Alianza y El Santo Grial, en lo que a mí me parece un claro guiño a George Lucas. El caso es que el profesor Mortimer, que desde su aventura en El Cairo no se había visto envuelto en ninguna intriga de este tipo, se lanza a la búsqueda de la tumba de Judas en compañía de Eleni, la nieta del doctor Markopoulos, conservador del museo arqueológico de Atenas, y el prometido de ésta. Pero, como no podía ser de otro modo, el infame Olrik está también sobre la pista del preciado botín dispuesto a ponerle palos en la rueda a su sempiterno enemigo,
La primera historia de estos personajes creados por Edgar P. Jacobs que escribió Van Hamme, "El caso Francis Blake", cultiva el género de espionaje puro y duro (“hemos procurado hacer algo un poco simplón, como habría hecho el propio Jacobs”, dijo en su día el propio Van Hamme). Con “La extraña cita”, salta al género de la ciencia ficción, con viajes en el tiempo incluidos, remitiéndonos a clásicos de la saga como La trampa diabólica o SOS. Meteoros. En “La maldición de los 30 denarios”, el género es la aventura arqueológica, y la referencia inevitable, “El misterio de la Gran Pirámide”.En este caso, se trata de arqueología bíblica, y lo que da pie a toda a la trama son los 30 denarios que cobró Judas por entregar a Jesucristo. A estas treinta piezas de plata con la efigie del emperador Tiberio se les atribuye una maldición capaz de desencadenar la desgracia a quien las posea, lo que los convierte en un objeto mítico cuya búsqueda sería digna del mismísimo Indiana Jones. De hecho, en la propia historieta se compara a los 30 denarios con el arca de la Alianza y El Santo Grial, en lo que a mí me parece un claro guiño a George Lucas. El caso es que el profesor Mortimer, que desde su aventura en El Cairo no se había visto envuelto en ninguna intriga de este tipo, se lanza a la búsqueda de la tumba de Judas en compañía de Eleni, la nieta del doctor Markopoulos, conservador del museo arqueológico de Atenas, y el prometido de ésta. Pero, como no podía ser de otro modo, el infame Olrik está también sobre la pista del preciado botín dispuesto a ponerle palos en la rueda a su sempiterno enemigo,
El detonante de la historia hace relación directamente a la aventura de la pirámide, pues es el propio conservador del museo de El Cairo, Ahmed Rassim Bey,quien pone en contacto a Mortimer con el doctor Markopoulos. Una vez servido el McGuffin en bandeja, Van Hamme, como siempre consciente de que lo que está haciendo es una historieta de Blake y Mortimer, se preocupa por poner en juego todos los ingredientes que uno espera encontrar en este tipo de historias (robo de papiros, persecuciones trepidantes en escenarios exóticos e incluso disfraces), todo ello a lo largo de una trama bastante lineal, como en el caso del díptico de El Cairo. A diferencia del clásico de Jacobs, en este álbum podemos encontrar páginas enteras sin las cartelas de texto tan características de la serie y que han sido objeto de tantas críticas por su pesadez y su carácter redundante. Aquí hay muchas menos, y eso se agradece.
Como ya comentamos en su día, en el dibujo de los personajes también
Con todo, el poder ver hoy la historieta terminada da gusto y es el mejor homenaje que se podría haber rendido al dibujante. Al principio del álbum, Van Hamme nos cuenta en un emotivo prólogo cómo una historia triste al final se ha convertido también en una bella historia, gracias al talento y a la determinación de Chantal.
Siempre me ha parecido que la maravilla y la magia de las historietas de Blake Mortimer, no está en las tramas, no demasiado interesantes de por sí,; tampoco destacan precisamente por su ritmo o pulso narrativo; su fuerza está, creo yo, en la creación de atmósferas. Y en este aspecto, estamos ante un álbum de Blake y Mortimer con mayúsculas. Al leer la escena en el que el profesor Mortimer dialoga con el doctor Markpoulos, sentados ambos en una terraza de un bar griego, en una calle de Atenas con una pronunciada pendiente, a uno le parece estar allí.
Es más, le gustaría estar. Y, si es posible, con un enigma por descifrar, escondido entre las letras de un viejo papiro…
La segunda parte de esta historia, que se encuentra dibujando Aubin Frechon, se espera para noviembre e 2.010.
Siempre me ha parecido que la maravilla y la magia de las historietas de Blake Mortimer, no está en las tramas, no demasiado interesantes de por sí,; tampoco destacan precisamente por su ritmo o pulso narrativo; su fuerza está, creo yo, en la creación de atmósferas. Y en este aspecto, estamos ante un álbum de Blake y Mortimer con mayúsculas. Al leer la escena en el que el profesor Mortimer dialoga con el doctor Markpoulos, sentados ambos en una terraza de un bar griego, en una calle de Atenas con una pronunciada pendiente, a uno le parece estar allí.
La segunda parte de esta historia, que se encuentra dibujando Aubin Frechon, se espera para noviembre e 2.010.