El blog de José Luis Povo

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sábado, 7 de noviembre de 2009

“EL PRINCIPE DE LA NOCHE” de Yves Swolfs



Parece que, poco a poco, se va asentando en nuestro país la edición de “integrales” para dar a conocer algunas de las mejores series del cómic francobelga (“Las 7 vidas del Gavilán”, “El Incal”, “Peter Pan”, “Comanche”, “Valerian”, “Sambre”, “Los pasajeros del viento”, “Lester Cockney”, etc.). Es indudable que la extensión de algunas de estas series, verdaderas novelas-río, sumado al hecho de que cada album-episodio tiene una frecuencia de salida, en el mejor de los casos, anual, motiva que el lector impaciente acabe desistiendo de conocer como concluía esa historia que comenzó largo tiempo atrás. Por lo tanto, es de aplaudir la iniciativa de los editores patrios de publicar, a precios asequibles, ciclos narrativos completos que, al menos, evitarán el uso de una práctica por desgracia demasiado frecuente: dejar “colgados” a los aficionados con series sin finalizar.
Bienvenido sea, por tanto, este integral de “El príncipe de la noche” (Le prince de la nuit”) de Yves Swolfs, publicado en España por Ediciones Glénat. Los atractivos de la obra son innegables: Un tomo de 300 páginas a todo color, con tapa dura, conteniendo nada menos que los seis albumes de la serie publicados en Francia, añadiendo al final las portadas originales y a un precio de 24 euros. No obstante, es obligado poner un pero a los amigos de Glénat-España y es que el tamaño sí importa. El tomo tiene unas dimensiones de 24x17 cm. frente a los 31x24 cm. del formato album. Qué lástima sacar un notable pudiendo haber logrado fácilmente una matrícula de honor.
En cuanto al argumento de la obra, no hace falta decir que nos encontramos ante una historia de vampiros, con todos los elementos típicos de tal subgénero. En el lado de la luz, nos encontramos con los Rougemont, estirpe maldita desde la Edad Media, cuando se cruza en su destino Victor Kergan, el príncipe de la noche, un vampiro sanguinario y seductor. La única forma de acabar con tal maldición es que alguno de los descendientes de tan desafortunada familia consiga destruir definitivamente a su diabólico enemigo o, por el contrario, morir en el empeño. Así, de generación en generación, los hombres que llevan tal fatídico apellido se irán pasando el testigo de tan peligrosa misión, hasta llegar al último de ellos, Vincent Rougemont, que vive en el Paris de los años treinta. En cada episodio conoceremos a uno de sus antepasados hasta desembocar en el combate final entre el vampiro Kergan y su Van Helsing particular. Personalmente, creo que el último capítulo es el más flojo, con la aparición en la trama de algunos jerarcas nazis como Himmler, el jefe de las SS, lo que hace chirriar el conjunto del argumento.
El dibujo de Yves Swolfs, pese a la “jibarización” de su tamaño, es espectacular. Los ambientes brumosos, los paisajes escarpados, las tenebrosas estampas propias de una historia como la que nos ocupa, tienen una fuerza visual innegable. Por otro lado, el realismo que impregna la parte gráfica de la obra alcanza el cénit con las imágenes de París, Venecia o Praga, que aparecen a lo largo la narración.
Los episodios incluidos en el tomo son:
1.- El cazador (Le chasseur, 1994).
2.- La carta del inquisidor (La lettre de l´inquisiteur, 1995).
3.- Luna llena (Pleine lune, 1996) Fin del primer ciclo.
4.-El diario de Maximilien (Le journal de Maximilien, 1999).
5.- Élise (Élise, 2000).
6.- Retorno a Ruhenberg (Retour à Ruhenberg, 2001). Fin del segundo ciclo.
El autor, tanto del dibujo como del guión, es Yves Swolfs (Bruselas, 1955) conocido de sobra en nuestro país por obras como “Durango”, “Leyenda” o “James Healer” (con imágenes de Giulio de Vita). Además, ha publicado otras series como “Dampierre”, con dibujos a cargo de Pierre Legein, Eric y el propio Swolfs, “Vlad”, cuya parte gráfica realiza Griffo, o “Black Hills 1890”, con dibujos de Marc-Renier. Dominador de todos los géneros, fue comparado en sus comienzos con Jean Giraud, sin duda por las similitudes entre Blueberry y Durango. No obstante, rápidamente se desprendió de todas las influencias, creando un estilo propio y reconocible, demostrando además ser un guionista muy competente.
No cabe duda que nos encontramos ante una lectura muy apropiada para las venideras noches invernales, aunque quizás sea más sano degustar “El príncipe de la noche” a la luz del día.