



En algunas historias existe un tema recurrente y que yo denomino como el de “la fortaleza inexpugnable”. En estas narraciones nos encontramos con un atractivo lugar que, por variopintas razones, está libre de los muchos peligros que acechan por doquier, configurando un escenario o entorno en el que el lector querría ingresar para disfrutar de ese mundo tan especial. Normalmente estas historias a las que me refiero concluyen con la invasión o destrucción de la, hasta aquel momento, inexpugnable fortaleza. Como ejemplos citaré a la clásica ciudad de Troya, que daría nombre a estas subtramas, el submarino del Capitán Nemo, las islas de los distintos Robinsones, la Batcueva o la Fortaleza de la Soledad, los diversos Shangri-Las o mundos-burbujas atrapados en el pasado, los distintos cuarteles generales o bases secretas de muchas novelas juveniles de mi época (Enid Blyton, Malcolm Saville, Los tres investigadores, etc.). Como se puede adivinar, cuando cae en mis manos alguna historia aquejada del síndrome de la fortaleza inexpugnable, la disfruto con especial deleite.
Considero a “La prórroga” (Le sursis) del parisino Jean Pierre Gibrat (1954) un ejemplo de lo que digo. Julien, el protagonista de esta serie, es un joven movilizado durante la Segunda Guerra Mundial, al que dan por muerto al ser bombardeado el tren donde, presuntamente, viajaba a Alemania. Sin embargo, la realidad es muy distinta ya que, tras desertar, regresa a su pueblo natal y se refugia en una casa deshabitada (“la fortaleza inexpugnable” de marras) donde tiene que esconderse para impedir ser descubierto. Desde su guarida, ayudado por su tía Angèle, puede observar sin ser visto como se desarrolla la vida diaria del pueblecito de Cambeyrac bajo la ocupación nazi. Desde allí se convierte en privilegiado espectador de las vivencias de sus convecinos: de los colaboracionistas, de los de la resistencia, de los envidiosos, de los miserables, de los altruistas … y, sobre todo, de Cécile, la destinataria del amor de Julien. Ante nuestros ojos aparece una realidad aparentemente normal, pero observaremos como ese apacible lugar es trastocado de forma brutal por los invasores alemanes.
La serie está dividida en dos partes publicadas originalmente por Dupuis en 1997 y 1999, respectivamente, y en castellano por Norma, en su colección Cimoc Extra Color, números 153 y 166. Esta editorial también nos ha ofrecido las demás obras de Gibrat aparecidas en nuestro país: “Pinocha”, con guión de Leroi, “Marea Baja”, con textos de Pecqueur (perfectamente olvidables las dos), “El vuelo del Cuervo” y la recientemente aparecida “Mattéo”, ambas ya íntegramente realizadas por Gibrat. A mí la que más me ha gustado es “La prórroga”, puesto que considero que el guión está a mayor altura que las demás series del autor. De hecho ha recibido numerosos premios transformando a Gibrat en la gran esperanza blanca del cómic galo En cambio, el perfeccionista dibujo siempre raya a gran altura, siendo en la actualidad uno de mis dibujantes franceses preferidos. Desde aquí os animo a haceros con las dos partes de “La prórroga”, buscaros vuestra propia fortaleza inexpugnable y disfrutar de un tebeo de los que se ven pocos.
Considero a “La prórroga” (Le sursis) del parisino Jean Pierre Gibrat (1954) un ejemplo de lo que digo. Julien, el protagonista de esta serie, es un joven movilizado durante la Segunda Guerra Mundial, al que dan por muerto al ser bombardeado el tren donde, presuntamente, viajaba a Alemania. Sin embargo, la realidad es muy distinta ya que, tras desertar, regresa a su pueblo natal y se refugia en una casa deshabitada (“la fortaleza inexpugnable” de marras) donde tiene que esconderse para impedir ser descubierto. Desde su guarida, ayudado por su tía Angèle, puede observar sin ser visto como se desarrolla la vida diaria del pueblecito de Cambeyrac bajo la ocupación nazi. Desde allí se convierte en privilegiado espectador de las vivencias de sus convecinos: de los colaboracionistas, de los de la resistencia, de los envidiosos, de los miserables, de los altruistas … y, sobre todo, de Cécile, la destinataria del amor de Julien. Ante nuestros ojos aparece una realidad aparentemente normal, pero observaremos como ese apacible lugar es trastocado de forma brutal por los invasores alemanes.
La serie está dividida en dos partes publicadas originalmente por Dupuis en 1997 y 1999, respectivamente, y en castellano por Norma, en su colección Cimoc Extra Color, números 153 y 166. Esta editorial también nos ha ofrecido las demás obras de Gibrat aparecidas en nuestro país: “Pinocha”, con guión de Leroi, “Marea Baja”, con textos de Pecqueur (perfectamente olvidables las dos), “El vuelo del Cuervo” y la recientemente aparecida “Mattéo”, ambas ya íntegramente realizadas por Gibrat. A mí la que más me ha gustado es “La prórroga”, puesto que considero que el guión está a mayor altura que las demás series del autor. De hecho ha recibido numerosos premios transformando a Gibrat en la gran esperanza blanca del cómic galo En cambio, el perfeccionista dibujo siempre raya a gran altura, siendo en la actualidad uno de mis dibujantes franceses preferidos. Desde aquí os animo a haceros con las dos partes de “La prórroga”, buscaros vuestra propia fortaleza inexpugnable y disfrutar de un tebeo de los que se ven pocos.