Toni Benages i Gallard ha consolidado una carrera en el cómic que alterna colaboraciones en la revista Petit Sapiens con la aparición regular de ambiciosos álbumes, caso de Les extraordinaries aventures de Francesc Pujols y su rotunda continuación, El cercle de Loplop, al tiempo que mantiene en paralelo una trayectoria como ilustrador.
En esta última faceta, ha ganado peso su papel como portadista, una suma, al fin y al cabo, de dos pasiones que le ha aupado como una figura reconocible en el panorama editorial hasta el punto de propiciar una exposición en torno a ese apartado de su obra, Toni Benages i Gallard: Literats il·lustrats.
Su último trabajo, Esqueixos, profundiza de alguna manera en ese maridaje entre dibujo y literatura al adaptar al cómic cinco relatos procedentes de la narrativa en catalán de corte fantástico, una vía que ya había explorado en formato largo con un clásico de la talla de Joan Perucho y su Llibre de cavalleries. En este caso, Benages se disocia de sus dos guionistas habituales, Sebastià Roig y Julià Guillamon, para acometer la traslación en viñetas de estas narraciones que, como esquejes, han germinado al nutrirse de una tradición autóctona, e irrumpido en la superficie dispuestas a demostrar vida propia.
Para esta operación, Benages propone un formato de antología que —tal y como subraya en el prólogo— reivindica aquellas memorables revistas de cómic de género pretéritas, como 1984 o Creepy. Al igual que las historietas que aparecían en sus páginas, Benages concluye cada historia con un golpe de efecto final que aturde al lector con una macabra revelación, teñida de mayor o menor crudeza según el caso y amortiguada en ocasiones por un velo socarrón.
La antología se inicia con «Vies», donde alterna las vistas generales de unos raíles y de una masía azotada por la nieve con el conflicto desarrollado en su interior entre sus dos ocupantes, íntimo, susurrado en planos cortos, para alejarse luego y descubrir, en pavorosa objetividad, la dura realidad, superpuesta con la otra vía narrativa, la del ferrocarril, y en la que el pitido del tren sustituye al grito de horror en lograda aliteración.
La historieta anterior, basada en un relato de Elisenda Solsona, deja paso a una adaptación de Ferran Garcia, «Vulgata», leyenda rural virada al splatter en la onda folk horror en boga.
Sobre un original de Eva Espinosa nace «Conte», la única historieta en la que Benages aplica el color y que, en clave de humor, subvierte y pone en solfa la utilidad de los cuentos y dichos populares a partir de una variación sui generis de la Caperucita roja que recogiese por escrito Perrault en el siglo XVII.
Por último, «L'atracció del parc», según un relato de Carme Torras, presenta cómo la automatización troca un sueño pueril en una pesadilla futurista, mientras que «Nosaltres, els feliços», sobre un relato de Roser Cabré-Verdiel, también alerta del ensimismamiento, esta vez colectivo, ante una tecnología que ha hipotecado el porvenir; coda, en definitiva, más pertinente, todavía y por desgracia, que los abanderados por aquellas revistas canónicas y con la que Toni Benages despliega su oficio y adapta con éxito la literatura fantástica contemporánea.





.jpg)